Mes: julio 2012

Que difícil es la vida si esperamos la aprobación de todos ¡es imposible!

EL VIEJO, EL NIÑO Y EL BURRO

Autor: Miguel Agustín Príncipe

Por esos mundos de Dios, y acompañando a los dos iba también un borrico.

El vejete ya encorvado, iba a pie con mucha paz, y mientras tanto el rapaz iba en el burro montado.

Vieron esto ciertas gentes de no sé qué población, y con acento burlón exclamaron impacientes:

–          ¡Mire usted el rapazuelo y qué bien montado va, mientras de viejo que está andar no puede el abuelo!

¿No era mejor que el chiquillo siguiera a pie de reata, y que el viejo que va a pata montara en el borriquillo?

El anciano que esto oyó, dijo al muchacho:

–          Discurro que hablan bien: baja del burro, que vaya montarlo yo.

El niño, sin impugnarlo, bajó del burro al instante, y echó a andar, mientras boyante iba el abuelo en el asno.

–          ¡Vaya un cuadro singular y un chistoso vice-versa!

(Dijo otra gente diversa, que así los vió caminar):

–          ¡Mire usted el viejarrón y cómo va cabalgando, mientras el chico va dando tropezón tras tropezón!

¿No era mejor que el vejete ¡Maldito sea su nombre! fuese a pie, que al fin es hombre, y no el pobre mozalbete?

–          ¡Alabado sea Dios! Dijo el viejo para sí: ¿Tampoco les gusta así?

¡Pues nada! a montar los dos. Esto dicho, de la chupa tiró al muchacho, y subióle de un brinco arriba, y montóle muy sí señor en la grupa.

–          ¡Perfectamente! exclamaron, soltando la taravilla, los de otro lugar o villa con los cuales se encontraron:

¿Habrá cosa más bestial, aunque sea pasatiempo, que montar los dos a un tiempo en ese pobre animal?

¿No era mejor, voto a bríos, que alternasen en subir, y no que el burro ha de ir cargado así con los dos?

–          Cosa es que ya me encocora exclamó el viejo bufando: bajemos los dos… ¡y andando!

A ver qué dicen ahora. Y uno y otro descendieron. Y a pie empezaron a andar, y…

–          ¡Bien! ¡muy bien! ¡vaya un par!,

Otras gentes les dijeron: ¿Es posible que se dé quien así busque molestias?

¡Qué majaderos! ¡Qué bestias! Tienen burro, y van a pie cargado entonces del todo, dijo el viejo:

–          ¡Voto va! ¿Con que no podemos ya acertar de ningún modo?

Hagamos lo que nos cuadre, sin hacer caso el menor de ese mundo charlador, llore o ría, grite o ladre.

Esté limpia la conciencia, que es el deber principal, y en lo demás cada cual consulte su conveniencia.

Por nada, pues, ya me aburro en un mundo tan ruin: Conque… arriba, chiquitín, que es lo mejor.

–           ¡Arre, burro!